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La paz incompleta

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Para nadie es desconocido que el proceso de paz que se lleva a cabo en La Habana, a pesar de las múltiples dificultades, ha avanzado como nunca antes, y permite pronosticar que efectivamente, si no es en marzo, será en este año, porque según el vocero de las Farc, Iván Márquez, el tiempo no da para tanto, pues hacen falta aspectos fundamentales que no se han tenido en cuenta antes de fijar una fecha imposible de cumplir.

Si bien es cierto que esta agrupación guerrillera, desde hace ya casi cuatro años, aceptó el reto de Santos, también lo es que nunca se ha desviado de su retórica, ni se contradice entre las dos alas, la política y la militar. Sus creencias marxistas-leninistas, les permite utilizar diferentes medios de lucha, con tal de conseguir el fin, que no es otro, que llegar al poder para gobernar al país a su manera e imponer sus ideas, que según ellos sacarán al pueblo del atraso en que se encuentra y que pasará automáticamente al desarrollo con su sola intervención política.

Esto hace que sea una quimera la negociación basada en la rendición y entrega, a pesar de las deserciones y rendiciones de algunos de sus integrantes. Ya han ratificado que no pagarán un solo día de cárcel, que no entregarán sus armas, que no tienen dinero para indemnizar a sus víctimas, que no aceptan extradiciones, que el gobierno tiene que dejar en libertad a sus militantes presos, que deben pagarles un sueldo mensual de $1’800.000.oo más trabajo y estudio gratis a cada integrante raso, y que a sus jefes deberán pensionarlos y permitirles llegar a ocupar curules en el Congreso, sin tener que salir a disputar votos con otros candidatos, y que deberán entregarles 17 o más zonas de distensión y rehabilitación en aquellos lugares que sean de su agrado y predilección, bajo la seguridad y protección del Ejército.

Si esto pide las Farc, ¿qué pedirán los otros?

No existe, por lo tanto, un solo colombiano que no desee con vehemencia que este proceso culmine rápido, y que los fusiles cambien su traqueteo, por el silencio de los muertos, que durante más de 50 años han regado de sangre nuestra tierra,  sembrando el desconcierto y la desesperanza entre todos. Ya es hora que las campanas no suenen para anunciar un nuevo entierro, sino que repiquen hasta el cansancio, anunciando que la paz ha llegado, para quedarse definitivamente en nuestros corazones.

Infortunadamente no todo es color de rosa. No es tan cierto el pensamiento del Presidente, cuando anuncia que firmada la paz con las Farc, Colombia toda empezará una nueva vida, pues el estado de indemnidad será absoluto y generalizado.

Falso de toda falsedad, pues olvida, y con ello pretende engañar al pueblo, que una cosa es la firma de un proceso con esta agrupación alzada en armas, y otra muy diferente conseguirla sin contar con el beneplácito de otras fuerzas ilegales, no menos importantes, que aún no han entrado en las negociaciones y que al quedar por fuera de las mismas, seguirán causando daños, aún mayores, como es el caso del ELN y algunos reductos del EPL que todavía subsisten, a pesar de anunciar sus intenciones de querer participar, independientemente del actual proceso, pues según ellos los temas no se avienen completamente al logro de sus objetivos de lucha subversiva.

En Arauca, particularmente, vemos con mucha preocupación, que el gobierno considere la posibilidad de instalar una zona de concentración en nuestro territorio, sin tener en cuenta al más antiguo de los actores guerrilleros, que se apostó antes que el grupo de Timochenko, y que lideró política y militarmente la región, superada luego, por el número de militantes y con un caudal económico superior de las Farc, que los redujo en importancia, pero no del territorio que ahora dicen ser de exclusividad de la agrupación subversiva en diálogos con el gobierno.

Nos quedan entonces varias reflexiones: a) ¿qué actitud van a adoptar el ELN y el EPL?, b) ¿cómo van a actuar las Farc frente a estas dos agrupaciones? c) ¿qué posición va a tomar el pueblo? d) ¿cómo va a responder el gobierno por una paz, que si no es con todos, no será completa? e) ¿es que acaso el conflicto es solo entre gobierno y Farc? f) ¿nada tienen que proponer las dos vertientes rebeldes, no invitadas al proceso por el gobierno? g) ¿qué estarán pensando y maquinando las Bacrim?. ¿Será que sin invitar a la mesa a estos otros comensales la cena será completa? No lo creemos así.

La paz será firmada con uno de los actores del conflicto, pero no con todos, y allí está la gran falla que Juan Manuel Santos no calcula, creyendo inocentemente que en verdad el próximo 23 de marzo a Colombia llegará la paz. Ojalá el presidente esté en lo cierto y que los inocentes seamos los 48 millones los colombianos restantes.

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